viernes, 21 de agosto de 2009

PROTEGER LA CHIMENEA Y EL HOGAR

Es un hecho que debemos proteger el hogar en el que vivimos. Esto se aplica al mundo terrenal de cerraduras y sistemas de seguridad, y también al mundo de la magia. Durante siglos, la gente ha usado variedad de objetos y técnicas de magia popular para proteger su hogar.
Los hechizos de protección suelen dividirse en dos categorías: la primera está diseñada para desviar la magia, y la segunda para capturar y negar su efecto. La técnica más popular es la primera, a la que suelen llamar “reflejar y devolver”. Muchos practicantes modernos de brujería prefieren esta aproximación de “devolver a quien la envió” en lugar de la técnica de “atar y disolver”.
Nuestros antepasados de la antigüedad utilizaban una gran variedad de protecciones dentro de sus casas y alrededor de ellas. Éstas incluían diversas ramas de árboles sagrados, lazos de colores, símbolos, hierbas y piedras. En la mayoría de hechizos, estos objetos se colgaban encima de la puerta o en una ventana, porque esos sitios permitían el acceso al interior del hogar. Otra zona de entrada era la chimenea. En la antigüedad se la protegía no sólo manteniendo el fuego encendido permanentemente, sino también colocando símbolos de protección en los instrumentos utilizados para mantenerlo vivo.
En los tiempos modernos, muchas personas utilizan espejos pequeños, móviles sonoros, cristales y “bolas de bruja” como artículos de protección. Lo típico es ponerlos en las ventanas y en las entradas de las casas. El dormitorio también es un lugar importante para colocar protecciones mágicas: cuando la gente duerme, es particularmente receptiva a la energía mágica, y los objetos protectores tienen una especial importancia en esos momentos.
En la magia popular, una protección común es esparcir sal a lo largo del alféizar de la ventana o en el umbral de la puerta. Nuestros antepasados creían que la sal purifica y de ahí surgió la idea de que las fuerzas malignas no podían tocarla o permanecer en su presencia.
Una protección muy popular utilizada en el siglo XIX era la llamada “bola de bruja”. Este objeto era una bola o esfera de vidrio que colgaba del techo con un hilo. Lo típico era que la bola de bruja colgara de una ventana, y la mayoría de estas esferas eran de color verde. Existen algunas teorías que dicen que las bolas de bruja son las predecesoras de las bolas ornamentales de los árboles de Navidad. No obstante, la bola de bruja tradicional estaba llena de amuletos de protección para mantener alejado el mal. Éstos incluían prendedores, pequeños fragmentos de vidrio roto, hierbas con un olor intenso, algunos cardos y otros elementos. Se creía que estos artículos impedían que los malos deseos y las malas intenciones entrasen en el hogar.
Un sistema holandés de Pensilvania conocido como “signo del maleficio” servía para proteger hogares, graneros y otras estructuras. Estas formas coloridas y simbólicas de magia eran muy populares, e incluso en la actualidad no es difícil encontrar reproducciones de signos de maleficio realizadas con vidrio de colores. Muchas de ellas están hechas para ser colgadas en las ventanas y llevan un gancho con una ventosa y una cadena de suspensión. Los signos de maleficio se pueden cargar mágicamente y luego colocar en los puntos de entrada de la vivienda.
Las brujas vienen utilizando la imagen protectora del pentagrama (o pentáculo) desde hace mucho tiempo, para todo tipo de protección. Esta estrella de cinco puntas representa al espíritu (la esencia divina) que lleva a los cuatro elementos de la creación al equilibrio y la armonía. En los mitos de la antigüedad leemos que antes de la creación reinaba el caos. Entonces el espíritu entró en el caos y llevó el equilibrio a los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Una vez equilibrados, los cuatro elementos pudieron ser dirigidos hacia una creación cohesiva. Según la leyenda, el espíritu dirigió y supervisó el proceso de creación mientras trabajaba con las cuatro fuerzas elementales.
Una técnica mágica eficaz es utilizar la fórmula elemental, que se inspira en el proceso reflejado en el mito del espíritu y los cuatro elementos. Una vez que has seleccionado un objeto o un diseño para proteger tu hogar, puedes llevar a cabo el proceso mágico de crear una energía protectora alrededor de él. Básicamente, hay tres pasos: crear la carga mágica, hacer un conjuro y fijar la carga al objeto material de protección.
La carga mágica
Cargar el objeto que has elegido requiere la presencia de las propiedades elementales mágicas conocidas como tierra, aire, fuego y agua. Éstas son las energías esenciales que vitalizan los hechizos mágicos. En cuatro platos o recipientes separados, coloca una representación física de uno de los elementos. Puedes usar una taza de agua pequeña, una vela encendida, un palito de incienso y un puñado pequeño de tierra para macetas.
Coloca delante de ti el objeto que deseas cargar. Mientras te preparas para pronunciar las palabras de tu encanto, visualiza el elemento apropiado fluyendo hacia el interior del objeto. Pon la representación física del elemento en contacto con el objeto de la siguiente manera:
Empezando con el incienso, pasa el objeto a través del humo y visualiza mentalmente su equivalente mágico del aire como una bruma mística. Luego di: “Aliento de aire para dar vida
A continuación, pasa el objeto por la llama de la vela y visualiza mentalmente su equivalente mágico del fuego como vitalidad pura. Luego di: “Fuego, fuerza de voluntad para vivir”.
Rocía un poco de agua sobre el objeto con los dedos de tu mano y visualiza mentalmente a su equivalente mágico de agua conteniendo toda la energía en un solo lugar. Luego di: “Remolino de agua sobre el nacido”.
Finalmente, rocía un poco de tierra en el objeto y visualiza la magia que se produce cuando la tierra absorbe toda le energía en un solo lugar. Luego di: “Tierra para contenerlo y darle forma”.
Ahora que has cargado el objeto con las fuerzas elementales, necesitarás darle tus instrucciones mágicas. El método tradicional para hacerlo es utilizando un conjuro mágico.
El conjuro
El propósito de un conjuro es “informar” del propósito mágico, que esencialmente proporciona las instrucciones para el objeto protector. Para hacer esto, sostén el objeto con una mano y señala su centro con la otra. Visualiza un aura alrededor del objeto y luego di:


Que este objeto mágico sea un amuleto de protección
contra cualquiera y todos los que quieran hacerme daño.
Si tu voluntad es hacer daño, y eso es lo que anhelas,
has de saber que todo lo que envíes hacia mí te lo devolveré.
Por la Diosa y el Dios que están conmigo,
a través de su voluntad conjunta, ¡así será!
Fijar la carga
Una vez que el objeto ha sido cargado, resulta muy útil “fijar” o “atar” el propósito mágico. Esto ayuda a asegurarnos de que la energía no se disipe. Es una buena práctica recargar el objeto durante cada Luna llena subsiguiente. De este modo, la carga mágica seguirá siendo poderosa todos los meses.
Para fijar la carga traza un círculo en el aire alrededor del objeto. Luego señala en dirección a su centro y di:
Una carga y una vigilancia precisas doy, para que a este lugar ninguna cosa maligna se pueda acercar, ni pueda penetrar”.
Puedes intensificar esto usando un palito de incienso encendido para trazar el círculo y una pequeña cantidad de aceite perfumado par ungir el objeto protector.
Utilizar guardianes
Otro método para proteger un hogar es usando figuras o estatuas. Entre las imágenes favoritas están los dragones, las gárgolas y las aves de presa. Para utilizar un guardián, lo mejor es colocarlo mirando hacia una ventana o puerta. Es necesario cargar la figura del guardián y darle un propósito mediante el método descrito anteriormente. No obstante, hay algunos pasos adicionales que se requieren para completar la creación de un guardián.
Consigue una estatua o figura que sea hueca y tenga una abertura. Llénala de arena o de líquido. Si no puedes conseguir una figura hueca, una alternativa sería amarrar un frasquito de aceite a la estatua. La arena o el aceite contendrán la carga mágica.
Cuando todo esté preparado, coloca la estatua delante de ti y siéntate en una posición cómoda. Realiza la carga mágica y recita el conjuro. Cuando esto haya sido completado, dale un nombre al guardián. Simplemente, di: “Te doy el nombre de _______________ y te llamaré por ese nombre”.
A continuación, visualiza una esfera de luz por encima de tu cabeza e imagina un color que tú asocies con la protección. Mentalmente, haz que la luz descienda penetrando en tu cabeza y haz que descanse entre tus cejas. Concéntrate intensamente en la estatua y en tu deseo de protección. Cuando sientas que la concentración está en su máximo nivel, exhala lentamente en dirección a la figura del guardián. Si está usando un frasquito de aceite, colócalo delante de la figura y dirige tu aliento hacia él.
Mentalmente, imagina que tu energía se vierte hacia el interior del guardián. Visualiza que forma un aura y vitaliza la figura. Completa el trabajo fijando la carga.
Raven Grimassi
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