miércoles, 19 de agosto de 2009

LA BRUJA LIMPIA LA CASA

Cuando los niños han vuelto al colegio y el tiempo empieza a refrescar, es el momento de pensar en la limpieza del otoño. “Antaño”, cuando el llamado “trabajo de la mujer” era valorado, una casa limpia no sólo era algo de lo que enorgullecerse, sino la primera línea de defensa contra las enfermedades.

La limpieza de la primavera abría las puertas y las ventanas para que la brisa fresca alejase los “malos olores” del invierno. Todas las partes de la casa se fregaban para eliminar el humo de la madera y el hollín. En algunas comunidades llevaban la estufa del salón al granero o se deshacían de ella, la examinaban en busca de óxido y la cubrían con una capa de betún para estufas, a la espera de ser reinstalada en otoño.
Lavaban las cortinas y las secaban al Sol, las manchas desaparecían y la tela se impregnaba del fresco aroma exterior. Antes de volver a colgarlas, se limpiaban bien las ventanas.
La ropa de invierno se lavaba, se aireaba y se guardaba con repelente de polillas. Ahora puedes preparar una mezcla para colgarla en tus armarios durante el invierno. En primavera, guarda las bolsitas de este antipolillas en la caja de ropa de invierno guardada: tiene un aroma limpio y dulce.
Antipolillas
Mezcla 1 taza de virutas de cedro (en la sección de animales domésticos), ½ taza de flores de lavanda, ½ taza de flores de atanasia, ½ taza de artemisa (planta esta hierba en tu jardín: sus hojas añaden una textura y un aroma muy atractivos), ½ taza de cáscara de limón cortada en dados, ¼ de taza de hierbabuena, ¼ de taza de menta, ¼ de taza de raíz de lirio, 10 hojas de laurel rotas, ¼ de taza de clavo de especia, ¼ de taza de canela en trozos, ¼ de taza de granos de pimienta. Mezcla todo bien y añade 5 gotas de aceite de cedro, 4 gotas de aceite de lavanda y 3 gotas de aceite de limón. Cubre el antipolillas dos semanas y luego introdúcelo en bolsitas de lana o franela.
Y cuando se había fregado, sacado brillo y aireado la casa y los muebles, entonces la mujer administraba a su familia un tónico de las hierbas amargas que empezaban a aparecer en su jardín y en los campos. Este tónico hacía por su marido y por sus hijos lo que la limpieza primaveral había hecho en su casa, dejando limpios y revitalizados los sistemas perezosos, y fortaleciendo y fortificando la sangre fatigada por el invierno.
He aquí una versión más apetitosa a la que puedes recurrir para usarla en primavera, llena de vitaminas, minerales y clorofila. Asegúrate de usar menta fresca y brotes de alfalfa para darle sabor. Tómate tiempo para separar las plantas amargas. Cultiva la mayor parte de las hierbas en tu jardín. Las plantas verdes locales servirán mejor, pero debes identificarlas bien.
Tónico primaveral
Usa 2 puñados de hierbas frescas mezcladas (todas las que puedas encontrar o comprar): perejil, hojas de diente de león, menta, pamplina, lechuga, verdolaga, ortigas, llantén, berro salvaje (muy fuerte) y alfalfa. Echa todo esto en tu batidora junto con 4 tazas de zumo de piña o de naranja, o una combinación de ambos. Añade 1 cucharadita de zumo de limón recién exprimido (o más, según el gusto). Licua todos los ingredientes, déjalos reposar durante 5 minutos y cuélalos.
Todo el proceso de limpiar la casa se repetía en otoño para que estuviera preparada para los meses en que las personas estarían encerradas en un espacio pequeño. La idea era barrer y fregar la suciedad que había entrado con las brisas estivales: una casa limpia no podía albergar enfermedades. Las estufas de carbón se volvían a lustrar y se les sacaba brillo con un cepillo suave. Los cristales de las ventanas se limpiaban otra vez hasta dejarlos relucientes y las cortinas se lavaban y se planchaban. Se daba la vuelta a los colchones y se sacaba las alfombras fuera para tenderlas y sacudirlas.
El jabón se preparaba con grasas derretidas de los animales que se mataban para llenar la despensa para el invierno. Estas grasas producían un jabón suave, a menudo líquido, que iba muy bien para lavar la ropa. Hoy en día, puedes fabricar un jabón en polvo para la ropa, tan eficaz como cualquiera que puedas comprar, y que no daña la ropa, ni los sistemas ni las tuberías. Todos los ingredientes, excepto los aceites esenciales, los puedes adquirir en la tienda de tu barrio. A menos que tengas bebés y laves mucha ropa, esta preparación debería durar entre cuatro y seis meses.
Jabón para la ropa
Mezcla 4 tazas de jabón de Castilla o de glicerina rallado, 6 tazas de bórax y 8 tazas de bicarbonato de sosa. Mezclar todo bien y agitar en 1 ½ cucharada de aceite esencial de lavanda o de limón. Guardar en un recipiente cerrado. Usar aproximadamente 1 taza llena por cada carga de lavadora.
La lavanda es una hierba muy útil. Plántala en varios rincones de tu jardín. Si vives en el norte, planta sólo las variedades resistentes al invierno, a menos que puedas tenerlas dentro de casa. La lavanda es tanto calmante e inductora del sueño como planta aromática y sabrosa para cocinar, y sus cualidades antibacterianas y antisépticas la convierten en un germicida natural.
Las tiendas caras están vendiendo botellas de agua de lavanda para la ropa de cama a unos precios muy elevados para añadirla al agua del enjuague o para atomizarla en las sábanas y cortinas para refrescarlas. Esta receta es un regalo de Navidad fantástico; compra o recicla una botella bonita y escribe algunas etiquetas con indicaciones y átalas a la botella con lazos.
Agua de lavanda para la ropa de cama
Mezcla 100 gotas (5 ml.) de aceite esencial de lavanda y 5 gotas de aceite esencial de menta con ¼ de taza de vodka (compra una botella de 50 ml de vodka de buena calidad en una licorería. Con eso bastará). Añade la mezcla a 3 tazas de agua destilada y revuelve bien. La mezcla se pondrá turbia, pero no manchará la ropa. Guárdala en un recipiente de vidrio y agítala antes de usarla. Añade ¼ de taza al agua del último enjuague de ropa de cama para darle un aroma relajante que te ayudará a dormir.
Necesitarás un buen limpiador para suelos, platos y manos. Éste tiene un aroma fresco, no te pelará la piel y funciona como repelente de insectos, aunque no se puede usar en las ventanas.
Limpiador para cocinas y baños
Ralla 3 tazas de jabón de Castilla y ponlo en una olla de acero inoxidable. Añade 6 tazas de té de menta caliente, mezclando todo bien. Hiérbelo a fuego lento y añade ¼ de taza de bicarbonato de sosa, 2 cucharadas de bórax en polvo y 1 cucharadita de aceite esencial de eucalipto. Guarda esta mezcla en un recipiente de plástico. Si añades una o dos gotas de uno de los aceites esenciales de cítricos (limón, lima, pomelo o naranja) también puedes conseguir un desengrasante eficaz para la cocina, aunque con un aroma extraño.
Prueba lo siguiente en tus ventanas. Asegúrate de cepillar o aspirar el alféizar antes de empezar. Huele bien pero ¡no es tan apetitoso como parece!
Limpiador de ventanas
Exprime 1 limón y vierte el jugo en 2 tazas de agua con gas. Añádele ½ cucharadita de aceite esencial de menta y 1 cucharadita de maicena, revolviendo. Mezcla todo bien y pásalo a una botella de plástico con atomizador. Agítalo bien antes de rociar las ventanas.
Un comentario más: los aceites esenciales son una defensa importante en la guerra de la limpieza del hogar. Explora el uso de algunos aceites que no se mencionan aquí, como el aceite de pino para un desengrasante con aroma a limpio, aceite de árbol de té para limpiar todo a fondo después de una enfermedad, aceite de cedro para un buen desinfectante o aceite de lima rociado sobre un poco de bicarbonato de sosa para un abrasivo suave. Nunca los uses directamente de la botella: antes bien, añádelos a tus limpiadores caseros.
Y cuando el trabajo ya esté terminado y necesites recompensarte, sírvete un gran vaso de agua mineral con gas, muy fría con un chorrito de jugo de lima fresco y una ramita de menta. Llena el aire con sonidos de Mozart o Chopin. Introdúcete en una bañera de agua caliente, iluminada con velas ¡y cargada con algunos de los ingredientes que has utilizado en tu casa!
Esta vez, crea un Balneario de Aguas Minerales del Viejo Mundo para relajarte y calmarte. Sumérgete en el agua durante al menos 20 minutos, deja vagar a tu mente consciente y refréscate con los aromas de tu baño. Como en un balneario europeo caro, descubrirás que tu baño te proporciona una sensación de bienestar. Cuando estés lista para salir, frota tu piel con una esponja de lufa, pero sin jabón. Si puedes, sécate con el aire. Luego deslízate entre tus sábanas con aroma a lavanda.
Sales de Baño Minerales del Viejo Mundo
Mezcla en un cuenco ½ taza de bórax y ½ taza de sal marina o sal del Mar Muerto. Luego, cuidadosamente, añade 5 gotas de aceite esencial de salvia, 5 gotas de aceite esencial de romero y 10 gotas de aceite esencial de bálsamo de pino. Mezcla todo bien. Añade la totalidad de la preparación a la bañera mientras el agua sale del grifo y agítalo bien con la mano para asegurarte de que las sales se han disuelto.
Kitty D. Spitzer
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