martes, 28 de febrero de 2012

EL FUEGO, EL ÉTER Y EL AZUFRE

clip_image001[1] Para los alquimistas aparece como un elemento primordial de todo intento de aleación y suele ser representado por un triángulo apoyado en su base.

clip_image003[1]Para los simbolistas, el fuego, es un elemento básico, activo, de naturaleza creativa y de carácter masculino. Detenta todo lo relacionado con los aspectos sagrados pues a causa de él adviene la purificación al mundo de los seres humanos: el Ave Fénix, después de arder por completo, renace de entre sus cenizas.

Fuego estuvo y/o está relacionado en muchas culturas con el Sol.

Fuego = Muestra del anhelo de los seres humanos por superar la mediocridad y alcanzar estados de madurez psíquica.

A menudo se constituye en una gran ambivalencia, con el fuego, pues por un lado construye y por el otro destruye.

Para los astrólogos se halla relacionado con la triplicidad zodiacal compuesta por los signos de Aries, Leo y Sagitario, y simbolizaría el entusiasmo y la generosidad.

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 clip_image007[1] Además de los 4 elementos básicos, considerados como las substancias primeras, completas y corpóreas, existe un "quinto elemento" llamado así desde Aristóteles -le dio tal nombre a causa de sus especulaciones sobre la composición y formación del mundo-, hace más de 2 milenios.clip_image006[1]

Defendía que el Éter era de naturaleza mixta, pero siempre espiritual y etérea, similar, al propio tiempo, al aire y al fuego; en este sentido, entraría a formar parte de la esencia, o alma, de todas las cosas y objetos; todos los cuerpos se hallarían envueltos y recubiertos por el Éter.

A causa del Éter, las cosas mantienen su compostura externa y no se desintegran ni diluyen, por tanto su calidad más relevante será la funcionalidad.

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clip_image009[1] Para los alquimistas era uno de los elementos llamados "filosóficos" y estaba considerado como uno de los más importantes, detentaba la energía ígnea, por lo que en ocasiones se le ha comparado con el fuego que irradia el Sol.

Para los simbolistas representaba un estadio de los cambios que sufre la materiaclip_image011[1] y era símbolo de lo inédito y de lo nuevo, al tiempo que con su ardor fúlgido purificaba la inteligencia y el entendimiento humano.

Sus efectos olfativos llevaron a las sociedades medievales a considerar al Azufre como un elemento que aunaba en su llama azulada, y en su amargo olor, las propiedades mismas del Averno; se le consideraba, por tanto, como un símbolo del mismo diablo. Se creía que en su combustión producía el alejamiento y la huida de todo ser viviente, ya que aparecía como una premonición del dolor o del daño venidero.

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